El voluntariado científico y cultural: la experiencia de Cortes de Navarra (España)

Resumen: 

Se presenta la experiencia de formación de voluntarios en el yacimiento del Alto de la Cruz de Cortes de Navarra (España), una comunidad que se ha implicado para dar a conocer su patrimonio cultural, olvidado durante años y recuperado en la actualidad, gracias a la acción de los arqueólogos investigadores, el sector político y la comunidad, orgullosa de su legado cultural.

Fecha de recepción: 
9 de marzo de 2020
Fecha de aceptación: 
9 de junio de 2020
Fecha de publicación: 
6 de noviembre de 2020

1 Contexto teórico

El presente artículo revisa la experiencia de formación de voluntarios en el yacimiento del Alto de la Cruz de Cortes de Navarra (norte de España), asentamiento del primer milenio a.C. (antes de Cristo), enmarcado en la actividad de miles de europeos que cada más vez ejercen una práctica de compromiso con sus comunidades. Se establece un contexto teórico de la figura del voluntario y del voluntario cultural y sobre su formación, que es el objeto del artículo y de la experiencia de Cortes

El voluntariado es un servicio a la comunidad que nace por iniciativa propia para contribuir al bienestar general. Es una práctica ciudadana que, según el Manifiesto para el Voluntariado en Europa [Da Milano, Gibbs y Sani, 2009], se caracteriza por: el ejercicio del libre albedrío, la no remuneración, la participación dentro de un entorno organizado, la intención del beneficio a la sociedad. De acuerdo con el Manifiesto, existen millones de europeos que, en su tiempo libre, participan de esta actividad, siendo más hombres que mujeres los involucrados, y entre edades comprendidas entre los 35 y los 55 años. El documento define al voluntario como una persona que practica los ideales de la democracia y la inclusión, es decir, un ciudadano activo y participativo. Así mismo, considera el voluntariado, un actor central para el desarrollo de la sociedad, del empoderamiento de los grupos vulnerables, de la reconciliación, y del aprendizaje.

Si miramos más allá de Europa, hay diversos estudios que demuestran que hay museos que cooperan con voluntarios, como el 65% de los museos de Canadá [Canadian Museums Association, 2001] y nueve de cada diez museos del Reino Unido y de Australia [Chambers, 2002; Yetkiner, Karadeniz y Gökaslan, 2019]. La encuesta de información financiera de museos, realizada por la American Alliance of Museums (AAM), pone de manifiesto que los voluntarios contribuyen con más de un millón de horas de servicio cada semana en los museos norteamericanos [American Alliance of Museums (AAM), 2009]. Ello supone una inversión de tiempo y esfuerzo en programas o proyectos de voluntariado. Para este tipo de iniciativas, existen museos que planifican y crean una política concreta que ayuda a construir una experiencia positiva para las dos partes. Esta participación, ayuda a acercar la imagen del museo y los espacios patrimoniales, y culturales en general, a la comunidad [Hazan, 2007], así como también integrar a los propios visitantes habituales a la organización de la institución [Hirzy, 2007]. Para Orr [2006] el número creciente de voluntarios en el patrimonio cultural, suelen ser visitantes fidelizados.

En España, al igual que en los países anglosajones, los mayores representan uno de los pilares del voluntariado. Sin embargo, las edades de los voluntarios son diferentes en la mayoría de los países. En el caso europeo, como se ha dicho, hablamos de personas jubiladas a partir de los 55 años según el régimen de jubilación de cada país [British Association of Friends of Museums, 1998; Holmes, 2003; Smith, 2002]. En el caso de España, desde 1993, la Confederación Española de Aulas de la Tercera Edad (CEATE), cuenta con más de 1.500 voluntarios culturales entre los 55 y los 90 años que atienden programas en espacios culturales [Jornada Laguna, 2012, pág. 75]. Una diferencia respecto al Manifiesto Europeo que habla de edades entre 35 y 55 años, como ya se ha señalado, lo que indica que también los jóvenes, participan en el voluntariado.

De acuerdo con José Luis Jornada Laguna [2012], el proyecto CEATE ha identificado algunos puntos clave de buenas prácticas que las instituciones culturales deben tener en cuenta cuando trabajan con voluntarios entre otros, entrenarlos adecuadamente, proporcionarles espacios de reunión para su preparación y descanso, y buscar fórmulas de reconocimiento a su labor.

Como señalan Fresno y Tsolakis [2012, pág. 10], “el voluntariado (es) una de las expresiones básicas de las relaciones humanas. Las personas necesitan participar en las sociedades, colaborar en la de defensa de bienes comunes y sentir que otras personas se preocupan por ellas”. Esta definición de voluntariado nos remite a uno de los deberes y a la vez de los derechos de la ciudadanía: el preocuparse por el bienestar de la comunidad.

El voluntariado se basa en una decisión libre e individual, el desinterés, la solidaridad y, como se ha señalado, el objetivo de trabajar por el bien común [Fresno y Tsolakis, 2012, pág. 26].

En España, este principio de participación se recoge en el punto 9.2 de la Constitución: “facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social” [Moreno, 2005, pág. 71]. Aunque en Europa la figura del voluntario se remite a personas que se encuentran en edad de jubilación, también los jóvenes deciden dedicar parte de su tiempo al voluntariado. Es en este colectivo, principalmente, cuando la discusión sobre participación e incorporación laboral, roza los límites. Sin embargo, y como han señalado los diferentes autores consultados, la vocación solidaria y desinteresada de los voluntarios debe ser tenida en cuenta más allá de las discusiones sobre el mercado laboral. El pago de un seguro e incluso del transporte, intenta cubrir algunas de las necesidades que se derivan del voluntariado.

De acuerdo con Fresno y Tsolakis [2012, pág. 27], en España, el porcentaje de voluntarios es bajo (19%) respecto al de la media de la Unión Europea que llega al 30%. De acuerdo con estos autores, cuanto mayor desarrollo de los servicios públicos, mayor participación de la ciudadanía en el voluntariado.

En España el papel, las características, las tipologías y la aceptación del voluntariado en los ámbitos de la comunicación y difusión científicas son variables y, además, están en constante discusión. De todas formas, es clara la apuesta por el concepto y término de “voluntariado cultural”, tal como se define en la Ley 45/2015, de 14 de octubre de 2015, de Voluntariado (BOE 247, págs. 95764 a 95784) [Boletín Oficial del Estado, 2015].1

En el caso concreto del estudio que se presenta, y que se localiza en Navarra, se dispone de diferentes experiencias de voluntariado en cuanto a la gestión y comunicación científica y cultural, a partir de las estrategias definidas para el voluntariado en Navarra. En el Museo de Navarra, por ejemplo, el voluntariado cultural existe desde 1999 y se basa, específicamente, en un grupo de personas jubiladas que, de manera desinteresada, realizan una importante y activa labor de apoyo a las tareas de difusión de la colección permanente, mediante visitas guiadas gratuitas. Estas visitas son preparadas por los voluntarios a través de un programa de formación permanente. En algunos casos, la figura del voluntario ha pasado a ser una figura remunerada.

Precisamente, a pesar de que en ocasiones la figura del voluntario es controvertida porque roza los límites del mercado laboral, es necesario que se comprenda su labor como tal: como un aporte a la sociedad, más que una forma de incorporación al trabajo. Eso quiere decir, que el voluntario debe tener conciencia de la figura a la que se compromete y que, entre otras, incluye la no remuneración [Grönlund, 2013].

Según G. D. Lord y B. Lord [2009], a fin de captar los voluntarios, los coordinadores deben tratarlos como uno más de la plantilla. El trabajo con voluntarios requiere también un proceso para la inclusión en el marco de la institución museística, que puede iniciarse con descripciones de rol [Ivens, 2011], de posiciones [American Association of Museum Volunteers (AAMV), 2012], o de lugares de trabajo, para que la persona tenga una idea clara y precisa de su papel, el tiempo previsto que invertirá, los requisitos y responsabilidades [American Association of Museum Volunteers (AAMV), 2012].

De hecho, las descripciones de puestos de trabajo bien elaboradas son los fundamentos para la contratación, selección, formación y evaluación del voluntariado [Hirzy, 2007]. Los voluntarios pueden tener varios roles y ejercer diferentes funciones en los museos, incluso pueden ejercer el rol y las funciones de docentes, intérpretes y miembros del consejo o síndico [Holmes, 2002]. Así mismo, pueden colaborar en tareas de mantenimiento, apoyo a las actividades de grupos talleres, logística, investigación, apoyo a la conservación del patrimonio, entre otras, como señala Bosch [2011].

Actualmente, hay museos que permiten la participación de los voluntarios en procesos a los que antes no podían acceder, como la interpretación del patrimonio, lo que implica la colaboración activa en la construcción de conocimiento o en dar forma y contenido a una exposición, así como comunicarlos, como es el caso de los guías/monitores/mediadores que están en contacto directo con el público.

Pero para que la participación de un voluntario sea activa es necesario que tenga habilidades para la autonomía y la iniciativa; cooperar y compartir responsabilidades [Stöger, 2005]. Es decir, el hecho de contar con voluntarios en determinadas tareas, no es sinónimo de que éstas se realicen eficazmente y con éxito, porque las buenas intenciones no son suficientes para el ejercicio de esta labor. Se requiere que la institución patrimonial les forme de manera concienzuda.

La formación es uno de los aspectos clave para el trabajo con voluntarios en museos y espacios patrimoniales, que debe tenerse en cuenta a la hora de diseñar un programa [American Association of Museum Volunteers (AAMV), 2012]. La formación de estos actores no solo aumenta sus competencias, conocimientos y habilidades, sino que también incrementa su compromiso con la institución y con su misión [Hirzy, 2007].

Toda formación puede incluir material, como por ejemplo un manual para que el voluntario consulte cuando lo necesite. La Asociación Americana para los Voluntarios de Museos pone a disposición el documento “Normas y buenas prácticas para programas de voluntariado de museos” [American Association of Museum Volunteers (AAMV), 2012], el cual propone que todo manual debería incluir como mínimo los siguientes aspectos:

  • Declaración de la misión: introducción a la institución, objetivos del programa de voluntario programa, introducción al presidente y personal, etc.
  • Información de fondo: historia del museo, mapa, preguntas frecuentes, etc.

Respecto a la duración de la formación de voluntarios en museos, en Australia, en Canadá y en Estados Unidos, los voluntarios suelen llevar a cabo un año de formación o presentan una formación a nivel universitario antes de que puedan ejercer de profesores, guías o intérpretes voluntarios de museos [Edwards, 2005b].

Hirzy [2007] propone cuatro ámbitos de formación: la actitud, las relaciones, las expectativas y los conocimientos, y las habilidades. También existe la propuesta de Kuyper, Hirzy y Huftalen [1993], según la cual, la institución debe ofrecer a sus voluntarios: orientación (visibilidad al presentarle en la web del museo, el museo en sí y su personal); formación general (proporcionar una mirada a fondo del museo, su misión, los roles y responsabilidades de los voluntarios); formación especializada (en temas específicos para permitir al voluntario cumplir con sus tareas); y, formación avanzada (que permite al voluntario experimentado continuar mejorando sus habilidades y conocimientos). Además, el documento “Volunteering guidance” [Heritage Fund, 2010] propone tener en cuenta una formación en manejo de riesgo.

Según Christidou y Hansen [2015], los voluntarios valoraron altamente el hecho de aprender, y que la formación recibida sea reconocida a nivel formal. También se aprecia la socialización, el hecho de ayudar a otros y hacer uso de las propias competencias y experiencias que adquieren en su día a día. Es necesario que la formación también incluya idiomas y habilidades informáticas, entre otras [Christidou y Hansen, 2015].

De acuerdo con la “Volunteering guidance” [Heritage Fund, 2010] hay tres maneras principales de impartir formación:

  • Formación en el puesto de trabajo: guiados por un miembro del personal o un voluntario antiguo.
  • Formación interna: es necesario un conocimiento en profundidad sobre problemas o tareas. Por ejemplo, los voluntarios que trabajen con personas vulnerables pueden necesitar una formación detallada en este ámbito.
  • Formación externa: los voluntarios asisten a un curso público abierto o un formador dirige un curso en el marco del museo. Normalmente, esta opción es cara, pero ayuda a los voluntarios a aprender habilidades especializadas.

Todo el proceso que gira en torno a un programa o proyecto de voluntariado y la formación, es una inversión de ambas partes [Hirzy, 2007]. No obstante, hay que tener en cuenta que la retención del voluntario, aspectos como la satisfacción de intereses y necesidades personales [Edwards, 2005a], puede aumentar mediante una formación efectiva que puede ser global [Kuyper, Hirzy y Huftalen, 1993], especifica [Kuyper, Hirzy y Huftalen, 1993], continuada [Christidou y Hansen, 2015] y avanzada [Kuyper, Hirzy y Huftalen, 1993].

2 Caso de estudio: El Proyecto Alto de la Cruz, las claves de la protohistoria europea y el papel del voluntariado

El Alto de la Cruz es un asentamiento del primer milenio a.C. definido como Oppidum fortificado y situado sobre la ribera derecha del río Ebro, en España. En su investigación, gestión, comunicación y difusión científica ha tenido un papel destacado la participación del voluntariado.

Su estructura urbanística le destaca como centro poblacional y le permite controlar la organización del territorio de la región comprendida entre los macizos de Bardenas Reales y el Moncayo. Su localización, en la confluencia de los ríos Ebro y Huecha, le confiere una posición dominante sobre los habitantes y las estructuras de producción de la zona, supremacía que se refleja en la secuencia estratigráfica, así como en el mobiliario y los tipos constructivos [Maluquer, Munilla y Gracia, 1990].

Una de las características más importantes del yacimiento arqueológico es la de disponer de una secuencia estratigráfica absoluta que, ininterrumpidamente, evidenció una vida poblacional entre la Edad del Bronce (en torno al 1100 a.C.) y la segunda Edad del Hierro (hacia el 350 a.C.). Se constituyó así en un factor clave para la transición y la continuidad de poblamiento entre el substrato indígena del Bronce medio-final en el valle medio del Ebro y las comunidades establecidas sobre el territorio a finales de la Edad del Bronce [Munilla y Gracia, 1996].

La investigación del yacimiento del Alto de la Cruz, fundamental para posicionar la arqueología española a mediados del siglo XX, tiene varias fases, que van de la primera mitad a los años 90 del siglo XX.


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Figura 1: Recreación del yacimiento del Alto de la Cruz. Foto: Proyecto Alto De la Cruz, las claves de la protohistoria europea.


Ubicada en tres salas del castillo de Cortes (Navarra) e inaugurada su primera fase en octubre de 2017, la exposición permanente del Alto de la Cruz (Cortes, Navarra), cuyo hilo conductor se basa en la idea del Alto de la Cruz como clave de la protohistoria europea en nuestra península, trata todos los temas relacionados con el yacimiento arqueológico (formas de vida, relaciones comerciales, producción económica, rituales, formas de enterramiento, etc.) y nos permite explicar también la evolución de las metodologías de investigación en la península Ibérica desde mediados del siglo XX hasta la actualidad, y su relación con la evolución de las metodologías de investigación en el plano internacional. La exposición es una foto fija de todo lo trabajado e interpretado en el yacimiento hasta la primera mitad de los años 90 del siglo XX.2 [Munilla, Serrano y col., 2019].

La exposición ha tenido en cuenta de forma explícita, por una parte, la creación de la identidad visual basada en la esquematización de la imagen de la divinidad femenina, también denominada diosa de los pájaros y muy representada en las pinturas murales de las casas del poblado del Alto de la Cruz, grafismo que cumple perfectamente tanto la función de identificación como de reproducción e implementación en todo tipo de soporte de comunicación. Se ha constituido tanto en el símbolo de la exposición como del proyecto global Alto de la Cruz, las claves de la protohistoria europea. Por otra parte, también se ha considerado, el uso y aplicación de las TIC, incluyendo acciones en el marco de la relación entre patrimonio, educación y TIC [Munilla y Serrano, 2017].


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Figura 2: Sala principal de la exposición. Foto: Proyecto Alto De la Cruz, las claves de la protohistoria europea.


Dar acceso a todos los públicos es una responsabilidad de las instituciones culturales. Conscientes de la necesidad de contribuir a la inclusión de personas con características diferentes, a las que usualmente visitan el patrimonio cultural, el yacimiento del Alto de la Cruz de Cortes de Navarra y su exposición permanente se encuentra en fase de fundamentación de las actividades dirigidas a diferentes tipos de público, entre ellos a los niños con síndrome de Down [Castellanos y Munilla, 2019].

El voluntariado en Cortes asociado a las acciones de difusión cultural parte de la idea de que los voluntarios, que son ciudadanos de Cortes o del entorno de la Ribera navarra, están motivados por la ciencia y la cultura y consideran que el patrimonio histórico, arqueológico y cultural es uno de los pilares de su identidad, una identidad incluyente que tiene como objetivo preservar, comunicar, difundir y compartir el patrimonio científico y cultural de su entorno. Su nivel de formación es dispar y oscila entre una formación básica y la universitaria. Aunque, la motivación por la ciencia y la cultura es algo que les une. Participan más mujeres que hombres y la edad está entre los 40 y los 70 años; datos que no coinciden con los aportados por el Manifiesto para el Voluntariado en Europa [Da Milano, Gibbs y Sani, 2009], en el que se especifica que son más hombres que mujeres los involucrados, y entre edades comprendidas entre los 35 y los 55 años.

El voluntariado comienza a instituirse como una idea de promoción del patrimonio científico y cultural de Cortes hacia finales del siglo XX, cuando el Ayuntamiento compra el Castillo de Cortes, de origen medieval. En el año 2008 se crea la Asociación de Amigos del Castillo de Cortes, con el fin de conservar y difundir el edificio. Desde entonces, el grupo de voluntarios ha adecuado varias dependencias del Castillo, además de realizar visitas guiadas, gestionar y custodiar su patrimonio arquitectónico. En total, se trata de 238 voluntarios (100 hombres y 138 mujeres) que actúan en el ámbito de la restauración, difusión y comunicación relacionadas con el Castillo de Cortes. Teniendo en cuenta que la población total de Cortes es, para 2019, de 3151 habitantes, un 7,55% desarrollan actividades de voluntariado.

De esta experiencia, surge la idea de que una parte del voluntariado gestione también las visitas guiadas a la exposición permanente del Alto de la Cruz, integrada desde 2017 en su primera fase en una de las salas del Castillo, y realice un trabajo de difusión, interpretación y comunicación científicas. La elección del voluntariado específicamente dedicado al guiaje por la exposición permanente parte de expresar su interés personal por aprender y difundir los conocimientos del mundo de la arqueología, su posibilidad de dedicarse en los horarios y días que se acuerden y su disposición horaria para los aspectos de formación.


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Figura 3: Voluntarios del proyecto. Foto: Proyecto Alto De la Cruz, las claves de la protohistoria europea.


Para dicho trabajo y desde 2017, el equipo de investigación se encarga de seleccionar y formar a 18 voluntarios (8 hombres y 10 mujeres), de entre los 238 voluntarios de la asociación, a fin de presentar de la forma más adecuada el patrimonio científico-arqueológico del yacimiento del Alto de la Cruz. Estos voluntarios tienen una especial sensibilidad personal por el mundo de la cultura, ya que, a excepción de dos de ellos, con titulación de Grado en arqueología y desarrollando su tesis doctoral en el ámbito, el resto ejercen profesionalmente en campos que no tienen nada que ver con la cultura y, mucho menos, con la arqueología. Debemos destacar que cuatro de ellos participaron cuando eran jóvenes (entre 18 y 30 años por entonces) en los trabajos de excavación arqueológica del yacimiento del Alto de la Cruz de las campañas entre 1986 y 1993. De esta participación y de la asunción del yacimiento arqueológico como parte de la identidad cultural del pueblo de Cortes de Navarra nació su interés personal por la arqueología. Se trata, por tanto, de voluntarios leales en el sentido de que, al menos, hace ya 12 años que trabajan en el ámbito del voluntariado cultural (voluntarios del Castillo de Cortes) y casi todos asumen la referencia del yacimiento como uno de los hechos culturales de su pueblo y territorio.

Aunque el voluntariado sea un concepto ligado a la no remuneración de su actividad, en el caso de Cortes hay varios retornos de su actividad fundamentales:

  • La formación permanente y continuada. La formación del voluntariado se inició en la primavera de 2017 para poder tener preparado todo el proceso en vistas a la inauguración de la exposición (1 de octubre de 2017). Se trabaja en tres niveles de contenido:
  • El contenido relacionado con la investigación y los resultados de la misma sobre el yacimiento del Alto de la Cruz y su importancia a nivel internacional en la investigación del siglo XX. Para este nivel, se organizaron sesiones de trabajo de media jornada, generalmente por la tarde (dado que el grupo de voluntariado mayoritariamente trabaja); para esta formación, trabajaron tanto la responsable del equipo de investigación (entre 4 y 5 sesiones de cuatro horas) como otros especialistas en algunos de los aspectos de contenido que se querían tratar a fondo; por ejemplo, los rituales funerarios del primer milenio a.C. en la península ibérica (en una sesión en la sede de la Universidad de Educación a Distancia (UNED), en Tudela (Navarra) de unas tres horas).
  • El contenido relacionado con la estructura, temas y discurso museográfico de la exposición permanente. Para este nivel, se trabajaron los contenidos tanto en una parte de las sesiones anteriormente descritas, como en la propia sala de la exposición permanente, donde se trabajó muy especialmente la forma del discurso e interpretación y se hicieron prácticas continuadas de presentación y visita guiada por parte del voluntariado. Estas sesiones prácticas se realizaron igualmente en horario de tarde y tenían una duración de entre tres y cuatro horas.
  • El contenido sobre procesos de evaluación continuada de los resultados de las visitas guiadas con el objetivo de mejorar el proceso de presentación e interpretación de los contenidos. Para este nivel se organizó una sesión de tarde de 3 horas, a cargo de una especialista sobre evaluación y estudios de público del equipo de investigación.
  • La consideración como parte del equipo de investigación del yacimiento arqueológico, específicamente del Proyecto Alto de la Cruz, las claves de la protohistoria europea.

La documentación y materiales utilizados en estas sesiones incluyen tanto un guión de las sesiones, como bibliografía y webgrafía fundamentales para trabajar los diferentes contenidos. De esta experiencia, nace la idea que actualmente se está trabajando de constituir un espacio virtual de aprendizaje donde los voluntarios puedan acceder a recursos actualizados sobre el tema y compartir dudas.


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Figura 4: Adolescentes que forman parte del proyecto educativo. Foto: Proyecto Alto De la Cruz, las claves de la protohistoria europea.


El objetivo global de las sesiones de formación es que contribuyan a que ésta sea continuada. Actualmente, se están preparando ya las sesiones de formación correspondientes a la segunda fase de la exposición. El voluntariado, asimismo, contribuye con su continuada participación en las visitas guiadas a mejorar el proceso de presentación y comunicación, dado que aporta su visión y experiencia en el desarrollo de este tipo de visitas guiadas. Algunas ideas que se han aportado son, por ejemplo, una mejor adecuación de la relación entre el discurso museográfico y el relato del recurso audiovisual en sala; una adecuación del tiempo de desarrollo de la vista guiada, con un máximo de 45 minutos, preguntas aparte, para una mejor comprensión y atención por parte del público.


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Figura 5: Visitantes a la exposición. Foto: Proyecto Alto De la Cruz, las claves de la protohistoria europea.


Además de la formación específica, el voluntariado de la exposición permanente del Alto de la Cruz forma parte de diferentes acciones de investigación y difusión científica. El mejor ejemplo, la participación en la gestión de las Jornadas científicas de investigación y musealización de yacimientos arqueológicos en España desde el 2018, con la participación de los investigadores y experiencias más destacadas en España actualmente [Munilla, 2019]. La formación y la implicación de los voluntarios en jornadas y otros eventos culturales y científicos, satisface intereses y necesidades personales tal y como lo plantea Edwards [2005a].

En cuanto al análisis y resultados de la inclusión del voluntariado en la presentación del patrimonio arqueológico del Alto de la Cruz, a finales del pasado 2019 se diseñó un proyecto que comenzaba justo en marzo de 2020 para recoger y analizar los resultados de la integración del voluntariado de Cortes en las acciones de difusión y presentación de la exposición permanente del Alto de la Cruz. Se realizaron dos reuniones previas de intercambio y lluvia de ideas sobre cómo era la experiencia, qué aspectos eran mejorables, cuáles debíamos afianzar, etc. Desgraciadamente el proyecto no se ha podido iniciar como consecuencia de la situación actual producida por el Covid19. Es justo lo que se va a desarrollar en cuanto sea posible; además, es esencial, teniendo en cuenta que en el próximo 2021 inauguramos la exposición definitiva y completa del Alto de la Cruz.

A pesar de ello, tenemos unas primeras valoraciones cualitativas, compartidas entre el equipo de investigación y el voluntariado durante reuniones informales, sobre el funcionamiento del mismo en la exposición permanente del Alto de la Cruz:

  • La idea del voluntariado, “a priori”, no fue del equipo de investigación y comisariado, sino que fue un aspecto que planteó desde el primer momento el Ayuntamiento de Cortes y la Asociación de Amigos del Castillo. Por lo tanto, era un criterio sin posibilidad de discusión, basándose, como hemos explicado más arriba, en la experiencia del voluntariado del Castillo de Cortes.
  • Una de las cuestiones más problemáticas para el equipo fue la de la necesidad de adaptarse al hecho de que el equipo de voluntarios disponía de unas horas concretas, a veces poco asumibles, para realizar las acciones de formación y difusión.
  • Se han detectado diferentes niveles de formación y capacidad de comunicación por parte de los voluntarios: tanto altos niveles de capacidad de difusión de contenidos, como más limitados. En el proyecto de evaluación que hemos de continuar, la prueba piloto que se ha ido desarrollando con la primera fase de la exposición nos permitirá corregir estos aspectos.
  • La realidad es que, del conjunto de los 18 voluntarios, disponemos sólo de 5 personas que son realmente permanentes; el resto contribuye a la presentación de la exposición dependiendo de su disponibilidad horaria que se está comprobado escasa.
  • Por ello el equipo de investigación y comisariado tiene como objetivo establecer una serie de criterios mínimos a cumplir para que la persona pueda formar parte realmente del equipo de voluntarios. Entre ellos, rotación de voluntarios en relación a franjas horarias en días laborables y/o franjas horarias en fines de semana y festivos.
  • Asimismo, y a petición de los propios voluntarios y de las reflexiones del equipo de investigación, se están definiendo una serie de acciones que contribuyan a la idea de equipo y grupo: reuniones periódicas más frecuentes (mensuales) para revisar temas; acciones de formación generales y a modo de focus group, etc., de forma virtual (ya que el equipo de investigación tiene su sede en Barcelona y el voluntariado en el Ayuntamiento de Cortes). Asimismo, se está trabajando en más iniciativas relacionadas con la presentación de la exposición y que puedan conectar también con la presentación del Castillo de Cortes: noches de verano en la exposición, viaje al pasado con la guía de un habitante del antiguo poblado del Alto de la Cruz, etc.

El proyecto se ha visto suspendido temporalmente como consecuencia de la situación producida por el Covid19. Más adelante se establecerá un proyecto de investigación para analizar el tema de los guías, partiendo de la experiencia inicial que aquí se presenta, y teniendo en cuenta que la formación de voluntariado no es suficiente para generar compromiso [Hirzy, 2007] y que es necesario el compromiso de las personas voluntarias para establecer dinámicas de equipo.

3 Conclusiones

La actividad de los voluntarios en el patrimonio científico y cultural es un valor en alza y de tradición, especialmente, en los países anglosajones. Las ventajas para una institución cultural tienen que ver con dos aspectos fundamentales:

  1. La mayoría de voluntarios son personas que tradicionalmente son cercanas a la cultura. Es decir, se trata de usuarios fidelizados.
  2. El voluntariado acerca la institución a la comunidad tal y como resalta Da Milano, Gibbs y Sani [2009]. Es decir, dejan de verse como instituciones elitistas no sólo en el aspecto económico sino también en el educativo y cultural.

La literatura revisada es unánime en considerar crucial para las instituciones del siglo XXI la participación del voluntario. El aspecto de la no remuneración, deja de ser cuestionado en cuanto el voluntario recibe otro tipo de contraprestaciones como el formar parte de instituciones y equipamientos centrales en la vida de su comunidad (como en la experiencia de Cortes), formación específica tanto en contenidos como en otras áreas de la institución, la socialización que implica recibir público y conocer a los trabajadores del equipamiento, tal y como destacan Christidou y Hansen [2015].

De la experiencia presentada se ha podido comprobar cómo la idea de implementar una exposición permanente sobre un yacimiento arqueológico se constituye en el detonante de la nuclearización, implementación y difusión de un proyecto global sobre conservación y difusión del patrimonio arqueológico, en esta experiencia del paradigmático Alto de la Cruz (Cortes, Navarra), en la que el papel del voluntariado es uno de los ejes de la comunicación y difusión científica y cultural. Hay que tener en cuenta que, entre los objetivos del proyecto, la difusión científica y cultural facilita el posicionamiento del mismo, entre otros, a través de la figura del voluntario. Además, la formación permanente del voluntariado y su actualización de conocimientos es necesaria, no sólo en el ámbito del patrimonio arqueológico, sino también en el de la atención a diferentes tipos de público, entre otras áreas. De esta forma, el voluntariado se integra en las acciones de presentación, interpretación, comunicación y difusión científica del patrimonio arqueológico del Alto de la Cruz.

Referencias

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Autores

Patricia Castellanos. Doctora en Periodismo y Ciencias de la Comunicación por la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). Máster en Periodismo y diploma de Estudios Superiores en Estudios Culturales de la UAB. Investiga en patrimonio científico, patrimonio e inclusión social, ciencia y género, periodismo científico. Es docente de Metodologías cualitativas, Teorías de la comunicación, Comunicación cultural en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). También colabora en el Máster Universitario en Comunicación Social de la Investigación Científica de la Universidad Internacional de Valencia (VIU). E-mail: pcaste@gmail.com.

Gloria Munilla. Profesora agregada de los Estudios de Artes y Humanidades de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Dirige el máster interuniversitario del Mediterráneo Antiguo, de la UOC, la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y la Universidad de Alcalá (UAH). Dirige el proyecto Alto de la Cruz, coordina en España del proyecto MUSA-CYTED Red de Museos de Ciencia. Líneas de investigación: museología y museografía; gestión cultural; protección del patrimonio en tiempo de guerra; patrimonio, educación y TIC; protohistoria de la Península Ibérica. E-mail: gmunilla@uoc.edu.

Janine Sprünker combina docencia en la enseñanza obligatoria e investigación en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y la Universitat de Barcelona (UB). Es doctora en el programa Sociedad de Información y conocimiento (UOC). Su tesis doctoral tiene como título “Educación patrimonial mediante recursos educativos en línea con contenido de patrimonio cultural y redes de aprendizaje” (2011). Su campo de investigación es el patrimonio, la educación e Internet. E-mail: jsprunker@uoc.edu.

Cómo citar

Castellanos, P., Munilla, G. y Sprünker, J. (2020). ‘El voluntariado científico y cultural: la experiencia de Cortes de Navarra (España)’. JCOM – América Latina 03 (02), A09. https://doi.org/10.22323/3.03020209.

Notas al final

1Entre los ámbitos de acción de la ley del Voluntariado (Artículo 6), se identifica el Voluntariado cultural, que promueve y defiende el derecho de acceso a la cultura y, en particular, la integración cultural de todas las personas, la promoción y protección de la identidad cultural, la defensa y salvaguarda del patrimonio cultural y la participación en la vida cultural de la comunidad.

2Coordinado por el Ayuntamiento de Cortes y la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), también participan investigadores de la UOC, la Universitat de Barcelona (UB), el equipo de museografía Queralt Suau Studio y Boixader & Go, el equipo Digitalización Patrimonial, el Gobierno de Navarra para la gestión y restauración de materiales y el grupo de voluntarios del municipio de Cortes para la difusión y guía de la exposición. Asimismo, junto con la UOC, la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED Tudela) participa en el proceso de formación de los guías de la exposición. La exposición cuenta, en parte, con la financiación de fondos europeos a partir del Consorcio EDER.